domingo, 13 de enero de 2013

El Reloj Desmayado

Todos los días llega tarde. Contempla su reloj de esfera blanca y corona dorada. Pide disculpas tímidamente, a la vez que lo pone en hora, y explica teorías sobre el tiempo.
Pero hoy ha llegado antes que nosotros. Nos sorprende como observa la cadena leontina, de la que ya no se columpia el reloj. El no está. Le ha dejado. Ya nada le sale bien.
Desde que el reloj partió, su vida no anda.

Éste, en cambio es feliz. Libre, lejos de ese bolsillo raído y oscuro. Se desmayó en los escalones que trataron de acogerle, para que no estuviera tan desvaído. Monsieur Rousseau lo contempla perplejo y recoge, cuidadosamente. Antes, comprueba que funciona y le acaricia la cara, con un pañuelo de seda blanco. El reloj observa a su alrededor estupefacto, a la vez que agradece sentir un tacto tan delicado, que le hace entrar en calor. - ¡Maldito mármol, siempre helado!- Ahora recuerda el tiempo que estuvo tirado en el suelo y trataba de incorporarse, sin éxito. Casi le dieron ganas de abrazarle, con sus negras y finas manecillas. Nunca antes, le habían tratado así.
Monsieur Rousseau se hubiera quedado con él, al ver como le miraba; De no ser porque descubrió en el reverso de la esfera, unas iniciales: EG (Edilberto González).

Pero ya no es suyo. El reloj apunta con sus manecillas a Monsieur Rousseau, implorando que le acoja. Edilberto consigue finalmente separarles y lo ajusta fuertemente a la cadena, de la que nunca debió separarse.
Se oye un gemido de la corona, mientras éste le aprieta contra la anilla, condenándole de nuevo a su dueño.

Al día siguiente, la maquinaria volvió a funcionar. Pero el reloj se paró y nunca volvió a palpitar. Ni siquiera acariciar la corona, consiguió motivarle y devolverle la vida. Las manecillas inertes, caían fulminadas a ambos lados de su cara, envueltas en lágrimas que flotaban en la esfera. Los números gigantes,  prácticamente se habían borrado. Nunca más fue suyo. El y su espíritu se quedaron congelados con Monsieur Rousseau.

Eva García Romo
Madrid, 13 de enero de 2013

4 comentarios:

  1. ¡¡ Evaaaa!! ¿Qué quieres que te diga que no te haya dicho ya?...Sabes que me encanta este cuento...la imagen de las manecillas implorando...es genial..¡¡ enhorabuena otra vez!..besitos

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    1. Gracias guapa! Tengo en "taller" otro objeto .....esta vez no es un reloj!

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  2. Sí, a veces nuestro mejor personaje es, curiosamente, un objeto. Este reloj tuyo con sus manecillas llenas de vida es ya un clásico.

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    1. Yo también te quiero Alvaro! Amenazo con más objetos.........!!!

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