domingo, 24 de noviembre de 2013

LA MÁXIMA DISTINCIÓN DE LA LITERATURA EN ESPAÑOL » Elena Poniatowska, premio Cervantes A sus 81 años, la autora de 'La noche de Tlatelolco' es la cuarta mujer en recibir el máximo galardón de las letras en español

“El éxito es un ratito. Uno nunca consigue nada”


http://cultura.elpais.com/cultura/2013/11/19/album/1384884527_523167.html



México rinde homenaje a Poniatowska pero ella no le da importancia. En la feria es de las pocas que ha mencionado el escándalo de premio a Bryce porque “la cultura no puede estar al margen de la ética”. Solo un momento, porque la ocasión era para festejar. “Para mí es un gusto, 80 años y 10 nietos son bastantes”. Pero no quiere recrearse en el éxito. “¿Qué es el éxito? El éxito es un ratito. Uno nunca consigue absolutamente nada en esta vida. Como decía mi madre, aquí había un cantante que se llamaba Cri-Cri que cantaba ‘allá en la fuente había un chorrito, se hacía grande, se hacía chiquito’. Así es el éxito”.
¿Y creen que la quieren retirar con tanto homenaje? No lo sabe, pero no se va a dejar. “Uno no se retira hasta el último momento, sobre todo cuando escribe. Carlos Fuentes ya tenía sobre su mesa de trabajo la novela que quería escribir, con su horario y todo”, recuerda. Así que Poniatowska (algunos la llaman Elenita, pero no le gusta porque dice que suena a “albondiguita”) tiene proyectos en marcha. El más inmediato, una biografía de su antepasado Estanislao Augusto Poniatowski, último rey de Polonia y uno de los 40 amantes que tuvo Catalina la Grande de Rusia. “En eso estoy, aunque me cuesta un poco porque de historia de Europa, sé poco”.



lunes, 18 de noviembre de 2013

Luis Goytisolo, Nacional de las Letras por su continua exploración literaria El escritor barcelonés, renovador desde los años 70 de la literatura en español, ha sido distinguido por toda su obra "siempre comprometida con la búsqueda de nuevos territorios literarios"



" Cuando una obra es tan desmedidamente ambiciosa, se convierte en una tentativa imposible  "

Cuando una obra es tan desmedidamente ambiciosa, se convierte en una tentativa imposible, es decir en una de esas novelas como el Finnegan’s Wake de Joyce, El hombre sin atributos, de Robert Musil, Paradiso, de Lezama Lima o la mucho menos conocida Umbral, del chileno Juan Emar, que estaban fatalmente condenadas a no alcanzar la meta que se habían fijado, porque, simplemente, aquella era una meta inalcanzable. Sin embargo sería injusto hablar de fracasos literarios, porque estos libros, que tendrán siempre pocos lectores, siempre tendrán lectores, y sobrevivirán a todos los avatares, desde esos márgenes que admiraba tanto Rimbaud (el de “les horribles travailleurs”) desde los cuales irán siempre recordando a las nuevas generaciones de lectores y escritores que el secreto corazón que mantiene viva a la literatura es siempre ir más allá, establecer nuevas fronteras para la creación, renovar y revolucionar lo que ya existe, a imagen y semejanza de esa vida que la inspira y que es, también, a su manera, una tentativa imposible.
© Mario Vargas Llosa, 2012.

Doris Lessing, una mujer de quien aprender


La autora británica, Nobel de Literatura en 2007, fallece en Londres a los 94 años




Para Lessing la meta literaria es el reconocimiento, la intuición de una memoria, una sensación de poseer de pronto, convertida a palabras, una experiencia ya sentida, íntima y secreta. Desde sus primeras ficciones autobiográficas, Lessing nos propone preguntas fundamentales sobre cómo actuar con responsabilidad en el mundo. Ser lector es, ella una toma de poder, un acto revolucionario que nos permite acceder a la memoria del mundo, a ser ciudadanos en el sentido más profundo de la palabra. “Literatura e historia son ramas de la memoria humana”, escribe. “Nuestro deber es recordar, incluso lo que está por suceder”.






¿De qué vale siquiera probar?”. “Siquiera probar”, dice Lessing, no solo “vale la pena”, sino que es la condición esencial de nuestro existir. Vivimos probando, intentando alcanzar ese bien que ansiamos, mejorar este pobre y desahuciado mundo. Es decir: “Usando nuestras libertades individuales (y no quiero decir simplemente formando parte de manifestaciones, partidos políticos, y demás, que son solo parte del proceso democrático), examinando ideas, vengan de donde vengan, para ver de qué manera estas pueden contribuir útilmente a nuestras vidas y a las sociedades en las que vivimos”. En este mundo insensato y violento en el que vivimos, las palabras de Doris Lessing son un aliento y una guía.



Eva García Romo,  18 de noviembre de 2013








domingo, 27 de octubre de 2013

El broche sonriente

Me llamo Brooch, pero todos me llaman broche. No soy de oro, aunque brillo cuando me da la luz. Una hilera de piedras pequeñas rojizas se extienden por mi lomo, como si fueran rubíes. Sólo unas cuantas perlas rellenan mi sonrisa. En mi dorso, un frío alfiler me ataba a mi dueña. Siempre he vivido incrustado en un trozo de tela, aunque acabé en una sucia vitrina de un prestamista avaro. Mejor os cuento mi historia. Viví en la solapa de Lady Hussey, al sur de Londres en la Inglaterra de 1890. Aunque tenía muchos, yo era el favorito y ocupaba un lugar preferente en su pulcro joyero. Fui el último regalo que le hizo su esposo. Lady Hussey tenía dos hijas, de las cuales adoraba a la menor. La señorita Helen era educada y Cortés al igual que su madre. Ésta le prometió que cuando muriera, yo pasaría a atravesar su solapa. Recuerdo como me acariciaba, cuando Lady Hussey se lo permitía. Las perlas que me adornaban, casi se salían de mi boca. Lamentablemente una mañana de enero se llevó a la señora, testando a favor de sus dos hijas por igual. Helen confió en su hermana, firmando sin leer los detalles y Bárbara, falsificando éstos, paso a ser única heredera. Helen tuvo que irse. Antes suplicó a su hermana, que le permitiera conservarme, pero ésta se lo negó. Nunca salí del joyero. Bárbara me consideraba una vulgar baratija. Pero el destino cambió. Helen buscó al albacea de su madre y le convenció para que retomara el caso. Bárbara fue acusada de estafa. No sólo tuvo que devolver a Helen lo suyo, sino que ingresó en prisión. La mala vida la llevo a la ruina, teniendo que empeñar todos sus bienes. Incluyéndome a mi. Cuando Helen entró en el cuarto de su madre, lloró. Solo polvo y trastos inservibles. Ni rastro del joyero. Y así es como acabé, encima de un fieltro rojo en la balda de un escaparate. Mi dueño me maltrata. Ya me veo mal colocado en la solapa de uno de esas mujeres que frecuenta, si no me vende antes claro...... Pero hoy Helen esta delante de mi. Duda si soy yo, ¡No me extraña, ya no brillo tanto...! Y mi sonrisa se ha borrado tras las escasas perlas que conservo. Angustiado intento levantarme, arrugando el fieltro descolorido. Ese que adorna la tumba donde reposo. Pero es en vano. Ni siquiera verla, hace que mi rictus se contraiga. - ¡Vamos, no te vayas! ¿Es que acaso no me reconoces?. Por fin gira y decide entrar. Sigue teniendo el mismo porte que su madre. El usurero feliz me agarra con sus dedos grasosos, mostrándome al posible comprador. Helen sonríe y a mí se me caen las perlas de la risa. Eva García Romo, 23 de octubre de 2013

viernes, 11 de octubre de 2013

"Los Miércoles" por Eva García Romo.

Al ver como se alejaba, Tristán decidió escribir a Pepa. Quería contarle todo lo que pasó esa noche, cuando volvió a . Quería explicarle, quién y cómo mató a sus hijos. Y sobre todo, por qué.
Entre barrotes, trataba de justificar a Pepa y día tras día, se martirizaba: .- "Quizá fue lo mejor para ellos. Pepa no era una buena madre...trabajaba demasiado y nunca tenía tiempo para sí misma. Por eso decidió volver sola, ignorando que al llegar, encontraría a los niños muertos"-.

Atormentado, empezó a redactar con torpeza. Le costaba. ¡Hacía tanto tiempo que no lo hacía...!
- "Querida....(mejor sin querida) Pepa: Nunca te contaré en esa incómoda cabina y a través de un cristal....pero pronto lo comprenderás. Iremos a todas partes, será como empezar de nuevo. Quizá me perdonen ya sabes, por mi arrepentimiento. Pepa tranquila, si no llega, tengo otro plan para nosotros. No puedo contar más. ¡Hasta el miércoles!. Te quiere, tu esposo. Tristán"-.

Sonó la sirena a las 6 y cuando Pepa se separó de él, pensó que no habría más semanas próximas. De vuelta a casa dubitativa, meditaba: - "Y si fuera la última vez que...y si no le encierran por loco....y si llegara el indulto...."-.
Pepa no durmió, pensando que tendría que hablar con Tristán de esa carta, la próxima vez que se vieran y la leyó varias veces, pero no se le ocurrió nada que decir. De lo que realmente quería hablar, era de lo que no podía poner escrito. Pero cuando volvió a verlo, él actuó como si no le hubiera enviado ninguna carta.

De nuevo, detrás del cristal, Pepa le hablo de futuro, intentando sonsacarle sus intenciones ante la temida liberación. Tristán la miraba apenado, mientras cavilaba:
- "Pepa nunca reconocerá que me obligó a matar a nuestros hijos, porque no los aguantaba. Que me eché yo la culpa de todos los crímenes, mientras espera arrepentida en casa"-.
Sin quitar la vista del reloj, deseó que dieran las 6 y le preguntó.- "¿Tristán, tienes algo que decirme antes de partir?"-.
"Si, .- dijo Tristán sonriendo-. Y le agradeció el pastel, que le traía cada semana y devoraba más tarde en su celda.

Cuando Pepa llegó a casa, recibió la llamada de su abogado. El indulto era un hecho. Tristán sería liberado en breve.
Colgó el auricular y susurró aliviada: .-¡"Menos mal que no he dejado de ir hoy, no había tiempo".- Falta de sueño, se derrumbó en el sofá.
La llegada de un telegrama la despertó y leerlo, la hizo feliz. Tristán había muerto dos horas después que ella abandonara la prisión. La causa de la muerte fue indigestión. El compañero de celda aseguró a los guardias, que Tristán Castro se relamía feliz con el pastel de carne, hasta que se desvaneció.

Pepa, sin dejar de sonreír, dobló el papel con cuidado, lo besó y guardó en la cómoda.
Por primera vez en mucho tiempo, exclamó con júbilo: .-"¡Este miércoles, haré otras cosas!"-.
                                                                                         


                   























jueves, 10 de octubre de 2013

La escritora canadiense Alice Munro gana el Premio Nobel de Literatura 2013

La escritora canadiense ha creado un universo a base de cuentos. Su obra está llena de personas normales con emociones ocultas. “Es muy celosa de su privacidad”, dice su última traductora española. Su primera colección de cuentos, Dance of the Happy Shades, se publicó en 1968. A través de obras como Secreto a voces, Escapada o La visita desde Castle Rock, ha conformado un fresco personal ambientado en esa vida ordinaria canadiense nominado ya como Munro Tract (o Condado Munro). En su estilo hay ecos de escritoras como Carson McCullers o Eudora Welty. “Es una persona muy celosa de su privacidad”, continúa su traductora. “Es una gran maestra, disecciona muy bien el corazón humano, las emociones que todos llevamos dentro.“us personajes son seres aparentemente normales, pero ella revela siempre un mundo interior muy rico. Nada amable, no es cursi, ni endulza las cosas, pero siempre encuentran en ella una luminosidad que contrarresta esos aspectos más crudos de la naturaleza humana”. El Nobel corona una larga lista de reconocimientos como el Governor General’s Literary Award, el Giller Prize, y el Man Booker International Prize en 2009. El Nobel, de alguna manera, recuerda a todos los grandes cuentistas de la literatura. Y para los amantes la obra de Munro se abre una pequeña esperanza a que la escritora, a sus 82 años, retome su universo.

domingo, 30 de junio de 2013

Y USTED ¿DE QUÉ SE RÍE?. Tercera Edad





AMANECE, las barcas se tambalean en tierra y sobre ellas descansan los amantes. Las damas intentan subirse la faja, los caballeros no pararían nunca, si pudieran. Sólo se oyen gemidos y un tractor, que alisa la arena, roba un sujetador que deposita sobre la boya. Cuando llegan los primeros bañistas, tienen que serpentear entre bastones y prótesis. A lo lejos una dentadura postiza, como un animal lujurioso, sonríe desde la playa.


Eva García Romo, 27 mayo de 2013