martes, 16 de abril de 2013

Carros de Combate por Eva García Romo





Les veo a diario. Parecen coetáneos. Tienen la vitalidad justa para hacer la compra, ahorrándoselo a las parientas. Dicen que les sirve de acicate, para continuar sintiéndose "en activo".
Se conocen de antes, pero el destino hizo que se reencontraran y ahora comparten supermercado.
Hoy todas las cajas estaban ocupadas, excepto la tres. Se abalanzan sobre ella al unísono, ante la cara de pavor de la cajera. Siempre quisieron ser el primero. Y ahora el que parece mayor, vengarse. Parece despistado, pero sabe muy bien lo que lleva muchos años esperando. El le quitó todo lo que había ahorrado. ¡Hasta la novia!
Y........- ¡ahora! - se oye. A continuación un fuerte choque. .- ¡Por favor, paren, ¿es que quieren matarse?.- grita una señora.
El ruido ha alertado al dueño, que teme por el negocio y corre a por refuerzos. Por fin han logrado separarles. Demasiado tarde,  hay sangre.
El negro de la puerta no hace nada. Le han dicho que se vaya.


Durante la Guerra Civil, Juan Bermúdez Escalada y Esteban Toledo Sanjurjo tuvieron que abandonar su vida, para luchar por la de unos cuantos. Fue en la batalla del Ebro y además de carro de combate, compartieron hambre, miedo y frío. Valientes, se peleaban por ocupar la primera posición en la torreta y ser el blanco. Jamás pensaron que añorarían la falta de espacio y luz que se alojaba en el tanque.
Esa mañana al separarse, Juan hizo prometer a Esteban que siempre lucharían en el mismo bando. Esteban le mintió.


Después de esa despedida, un día se cruzaron en la escalera. Ni siquiera sabían que eran vecinos. Se miraron sin reconocerse. Los treinta años solo habían pasado por Juan.
El ascensor se había roto y Esteban tiraba de un carro, del que colgaban frutas y verduras. Juan en cambio, cargaba con bolsas a punto de romperse. - Cada vez son peores - murmuró.
No le reconoció. Esa medicación estaba acabando con su memoria.
Esteban en cambio, parecía un chaval. Conservaba ese empaque, que las volvía locas.
- Pero Juan, ¡si pareces un abuelo! ¡Vamos camarada, ¿te dejaste la sesera en el tanque?.- dijo burlándose.
Los ojos de Juan lloraron y reconoció que a veces, le costaba recordar.
Esteban le abrazó y le dijo que dejara las bolsas en el carro.
.- Anda, pasa y siéntate. Tengo muchas cosas que contarte. ¿Sabes?, tengo un negocio, quizá te interese....-.
Juan le contempló unos instantes, .- Siempre tuviste esa mirada cautivadora.- pensó. Y le acompañó sin dejar de sonreír. Era la primera vez que lo hacía en mucho tiempo.
Esto fue antes de que Esteban le desplumara.

                                                                                       

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