domingo, 10 de marzo de 2013

"El ladrón de palabras" (Words) de Brian Klugman y Lee Sternthal, me roba una gran historia



Un hombre (Dennis Quaid) en una tarima frente a un montón de gente. Tiene un libro frente a él y empieza a leerlo, y en él se cuenta la historia de Rory y de Dora, y de un extraño anciano que parece acecharlos. Así empieza la historia, y la película.

El argumento trata de historias anidadas unas dentro de otras, y durante el transcurso del metraje veremos tres “realidades” diferentes: una es la del escritor Clay Hammond (Quaid), que en primer lugar empieza a leer la historia que cuenta en su libro, esa historia que habitan Rory (Bradley Cooper) y Dora (Zoe Saldana). En esa historia, Rory y Dora son una joven pareja que se traslada a vivir a Nueva York, donde intentan alcanzar sus sueños. Rory es escritor e intenta ganarse la vida con ello, aunque de momento no lo consigue. Tiene un libro escrito e intenta que algún agente literario le abra camino en el mundo editorial, pero aunque su trabajo es bueno (y así se lo hacen saber) no consigue publicarlo. Recibe decenas de negativas – en persona, por carta – y se desespera. Pero un día su mundo se da la vuelta, cuando encuentra un manuscrito que va a cambiar su vida. Es una novela, una novela escrita por otra persona. Al principio no sabrá que hacer, pero por esas cosas que pasan, al final la hará pasar por suya y eso tendrá consecuencias.

La película se desarrolla en dos tiempos. Uno es el tiempo de Rory y Dora, el actual; otro es el tiempo de un joven que vivió una apasionada historia de amor con Celia, una camarera francesa. Esa historia, en total, es la historia de un libro. El libro que le dio el éxito y la fama a Rory, éxito y fama que buscaba y no pudo conseguir por sus propios medios, libro que en realidad es la historia de otra persona. Las palabras a que se refiere el título, fueron las palabras que tomaron forma y se convirtieron en un libro en dos semanas. Luego, aparte de esas historias, está la que le adivinamos al propio escritor de todo, Clay, y del que, sin saber mucho, acabamos por adivinar algunas cosas.



De la pelicula, personalmente, destaco las partes de la historia dedicadas a las analepsis (flashbacks). Jeremy Irons en su papel de viejo se come la pantalla, dejando a Bradley pendiente de mucho que aprender. Cooper, con un físico envidiable, hace lo posible por resultar creíble como escritor, cada vez que aparece. Dennis Quaid, brillante en sus diálogos, para mí no alcanzan el interés y el encanto de las partes de analepsis (flashbacks), o de los momentos en que el personaje de Jeremy Irons nos narra su historia. Es una película con un interés que se mantiene, especialmente por los grandes temas que trata, (frustración, miedo, ser amado por los motivos equivocados…) 
Así que en mi opinión la película tiene un núcleo argumental interesante y buen “material” (actores, medios técnicos) que dan como resultado una gran historia, digna de ser robada.


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