jueves, 17 de enero de 2019

Intersante y diferente Entrevista de Valeria Correa Fiz

Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión

«Ser escritor es una forma de estar en la vida, algo que viaja instalado en el interior de tu cabeza»


Esta es una entrevista distinta a todas las demás. Los parámetros habituales no se dieron. Fueron otros. Hubo testigos presenciales, público, cosa no demasiado frecuente en mi quehacer como entrevistador para el Diario Siglo XXI. 

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Tampoco el marco era el acostumbrado, una cafetería del centro urbano, sino una sala de un antiguo convento, ahora remozado, rebautizado como Centre del Carme Cultura Contemporània y destinado a otros menesteres. Sucedió todo el pasado 8 de diciembre de 2018, dentro de la I edición del Golem Festival, celebrado en València y organizado por Susana Alfonso, Juan Miguel Aguilera y José Luis Rodríguez-Núñez. Allí tuve la enorme suerte de conversar con la escritora argentina Valeria Correa Fiz. El propósito de nuestro encuentro era presentar ‘La condición animal’, su primer libro de relatos, publicado por la editorial Páginas de Espuma.

¿Qué es lo que nos hace diferente como especie, en qué consiste la condición humana? ¿Sabernos frágiles, expuestos, mortales? ¿Cómo seríamos si no temiésemos el mal ajeno?... Estas son algunas – hay más – de las preguntas que intentan responder los cuentos que integran el libro de la escritora argentina. Nuestra conversación, distorsionada por la reverberación de la megafonía sobre los muros del convento, dio comienzo pasadas las cinco de la tarde. Tras la presentación ritual, llegaron preguntas y respuestas.

Valeria, naciste en Rosario y la primera cuestión, doble, es casi obligatoria: ¿eres seguidora de Rosario Central o de Newell’s Old Boys o, quizá no te interesa el fútbol?
Sí, sí me gusta el fútbol, pero soy de River [risas].

Siempre que entrevisto a una escritora por primera vez, formulo la misma pregunta: ¿qué significa para ti escribir?
Bueno, escribir para mí es una manera de dialogar conmigo misma. De profesión soy abogada, lo digo siempre, y no hubiera escrito si no me hubiera marchado de mi país. De alguna manera, escribir fue como encontrar un hilo conductor para contar cosas sin implicarme. Cuando te vas fuera, necesitas hablar y, para hacerlo, has de explicar tu contexto, de dónde eres, cómo eres, a qué te dedicas… Escribir te permite obviar ese trámite y contar lo que te preocupa. Italo Calvino venía a decir que «usted escribe como algunos animales hacen guaridas» y esa idea de refugio, de cuidarse con las palabras me gusta mucho.

En la charla que participaste ayer dentro del Golem Fest, definiste al escritor como «un arqueólogo de sí mismo», ¿puedes desarrollar un poco más este concepto?
La idea es que de alguna manera escribo ficción. No hago biografías del yo, un género respetable pero que no practico. Nada de lo que hay en ‘La condición animal’ me pasó a mí, pero sí narro a través de los personajes desde mi experiencia. En ese sentido, digo que el escritor es un arqueólogo porque trabaja armando la ficción, pero desde sus sentimientos, desde sus recuerdos. Yo no creo en la fantasía ni en la imaginación sino en la mala memoria. Uno vive cosas, las ve, las olvida, luego asocia esos fragmentos de memoria y eso es lo que llamamos imaginación, es decir, por un lado escribo ficción, pero no lo es tanto. Hay una pequeña contradicción en ello.

Has publicado ya dos poemarios y tu primera incursión en la prosa, ‘La condición animal’, es un libro de cuentos, ¿por qué comienzas con un género tan específico y exigente?
Como has comentado, yo escribía poesía y, aunque el cuento es muy distinto, posee una forma de concepción muy parecida a la poesía. Ambos trabajan con la elipsis, la condensación, la brevedad… Por otro lado, soy latinoamericana y nosotros crecimos leyendo cuentistas, por lo tanto, para mí escribir un cuento es algo muy normal. Si te fijás, los padres del cuento en lengua castellana son latinoamericanos: Silvino Ocampo, Cortázar, Borges, Filiberto Hernández, Quiroga… a todos los leía en el colegio y, de algún modo, escribir cuentos es como seguir los pasos de tus padres.

Tradicionalmente, España ha sido un territorio más proclive a la novela que al cuento, aunque ahora el cuento parece funcionar un poco mejor.
Creo que leer una novela es más fácil que un cuento, porque puedes saltarte algunas páginas. En un cuento no puedes distraerte, no puedes saltarte nada porque apenas tienes nada. El lector de cuentos es muy inteligente, siempre está atento y busca los resortes del texto. En la novela, en cambio, a medida que avanza el texto se va diluyendo un poco.

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Estos cuentos los escribiste y después los guardaste en un cajón. Y allí hubieran seguido de no ser por Clara Obligado, que te animó a publicarlos.
Siempre digo que soy escritora por accidente. Yo había escrito un montón de cuentos y los tenía guardados. Se dio la circunstancia de que a un club de lectura que dirigía en Milán, acudió la escritora Clara Obligado. Ella notó algo y me preguntó si escribía. Le dije que sí, pero que lo hacía para mí. Entonces me respondió que eso estaba muy bien para personas de setenta años, que escondían un cajón repleto de cosas, pero no para mí. A partir de ese encuentro arrancó todo.

Dice la solapa del libro que aunque llevas más de diez años viviendo en el extranjero, el río Paraná, que baña Rosario, te legó «un humor turbio y sedicioso», ¿qué tiene de particular ese río que te ha conducido a escribir estos cuentos tan intensos?
Esa es una frase que escribí a petición de la editorial. Nací en Rosario, pero siempre he vivido en ciudades que empiezan con la letra eme: Miami, Milán y Madrid. Y lo del Paraná es verdad, porque es un río grande, violento, marrón, poco agradable de ver y muy oloroso. Aunque Rosario es una población industrial, la existencia del río consigue que la naturaleza esté continuamente presente en la ciudad. En alguna ocasión el Paraná se sale de su cauce y me recuerda a mis cuentos que, aunque todo está controlado, de vez en cuando también se desbordan.

¿Antes de escribir tomas notas de las ideas que se te ocurren?
No, nunca, las ideas que de verdad me importan las recuerdo. Un cuento puede surgir a través de una frase o por alguna cosa que he visto o leído. Ser escritor es una forma de estar en la vida, algo que viaja instalado en el interior de tu cabeza y cuando ese algo me obsesiona mucho, me doy cuenta de que he de pasarlo al papel.

¿Qué criterios seguiste para escoger los cuentos que ibas a incluir en ‘La condición animal’?
Después de la conversación con Clara Obligado, revisé los cuentos que tenía, había 40 o 50 por lo menos, y me di cuenta de que todos ellos estaban atravesados por la idea del mal. Al principio me sorprendió, pero como soy abogada comprendí que el bien y el mal, la honestidad y la justicia son temas que me preocupan bastante, así que me propuse hacer una cartografía sobre ello. Aunque los textos estaban escritos de antemano, para nada es un libro espontáneo, ya que arranca con un cuento sobre la presencia del mal en una relación de pareja, la violencia sexual, la enfermedad, la locura y la muerte y se cierra con un relato sobre el mal a partir de la explosión de la bomba atómica. Como me gustan mucho los cuentos circulares, traté de que estos dos tuvieran una relación especular entre sí para conseguir también esa circularidad entre los demás.

No hemos hablado aún de ello, ¿por qué el título de ‘La condición animal’?
Se lo puse porque creía que la condición humana siempre era lo bueno, lo luminoso, lo racional y que la parte pasional y desbocada, la animal, también formaba parte de la condición humana. Tal vez lo cierto es que estamos en el medio del bien y del mal y que la condición humana aparece cuando existe la posibilidad de hacer el mal y tú te restringes y no lo hacés.

Has citado el primer cuento, ‘Una casa en las afueras’, y el último, ‘Criaturas’. El primero es duro, es como un aviso al lector sobre lo que se puede encontrar dentro del libro. El último, aunque también es duro, termina de modo tierno, casi entrañable. ¿Pretendías que el lector concluyese la lectura con buen sabor de boca?
El editor tenía muchas dudas de poner ‘Una casa en las afueras’ al inicio, pero yo defendí esa idea bajo los parámetros de la circularidad que pretendía lograr. El libro está escrito con visceralidad, pero el lector también va a encontrar personajes tiernos, bondadosos, dulces, aunque le impresionarán más los perversos, claro. Mi intención era que, tras leer el primer cuento nadie se sintiera engañado y supiera lo que iba a encontrarse a continuación si seguía leyendo el libro. No quería hacerle trampas de ningún modo.

En ‘Criaturas’ leemos que «El horror también puede ser una costumbre», ¿el hombre es consciente de que el horror se encuentra por todas partes y que él lo ejerce de manera indiscriminada o, por el contrario, no se da cuenta porque forma parte de la vida cotidiana?
Eso es algo muy normal. Una vez, en el telediario estaban contando cosas muy fuertes, horrendas, y mi abuela, que era de Zamora, y lo estaba escuchando, siguió cocinando mientras exclamaba ¡qué horror! Pero luego, pusieron una novela en la que el protagonista se moría y ella se puso a llorar, es decir, no lloró con la realidad pero sí con la ficción. Eso es algo muy humano y por eso escribí la frase que citás vos.

Agrupaste los cuentos en cuatro partes: Tierra, Fuego, Aire y Agua, los cuatro elementos, una estructura que recuerda la configuración de una sinfonía o de un concertó grosso.
Soy aficionada a la música clásica y la idea de dividir los relatos en los cuatro elementos también asume una función deritornello y de construir unidades por sí mismas. Pero, además, cumple con otra misión, porque yo traté de encontrar respuestas a mi pregunta sobre el mal. Y las busqué tanto en la filosofía como en la religión, disciplinas que no ofrecen respuestas sobre el mal. A mí me gusta la postura de San Agustín, que define el mal como la ausencia del bien. Dios creó el bien y cuando vos te alejás de él generás el mal. Durante mi búsqueda, se me ocurrió que también podía estructurar el libro al estilo de los primeros filósofos, tomando como eje principal la pregunta sobre el mal y como subejes los cuatro elementos, que además están muy presentes en los cuentos que, como las sinfonías, también van in crescendo.

Leemos en la contraportada del libro que «Es imposible que alguien se interne en los doce cuentos que forman ‘La condición animal’ y no salga de ellos, al menos, sacudido, turbado y, por qué no advertirlo, también conmocionado por la intensidad de estas historias». Por todo esto, a la hora de escribirlos ¿necesitaste un filtro o un parapeto para distanciarte?
Creo que uno lo pasa mal escribiendo, pero si mi personaje está cansado yo tengo que ponerme en su sitio y ver qué siento cuando estoy cansada. Eso forma parte de lo que decía antes sobre el arqueólogo que el escritor lleva dentro. El único que no convoca el cuerpo para escribir es Borges, porque él lee las situaciones con el intelecto, los demás se ven obligados a invocar su propio cuerpo para narrar.

Tu prosa describe atrocidades con un lenguaje sereno, a veces casi apacible.
A mí me gusta lo que dijo Eloy Tizón sobre mis cuentos, cuando manifestó que yo parecía una escritora inglesa de estas que matan sin sangre, con una taza de té. Yo confío mucho en los datos que doy y preparo el ambiente adecuado. Después el lector es quien, con su imaginación, hace cosas más atroces que las que yo podría escribir. Me gustan los cuentos como están, con esa especie de elegancia que sortea el «momento sanguíneo».

Reservaste un hueco en los relatos para el amor, aunque sea un amor «con las manos cortadas», como el que encontramos en el cuento ‘Nostalgia de la morgue’.
Sí, esta es una historia que sucede en un hospital donde hay un fragmento de un cuerpo, algo muy terrorífico. Y en ese espacio tan horrible queda hueco para el amor. En el fondo, yo también soy una cursi y creo que incluso en el lugar menos romántico y más desagradable, puede darse el amor.

Concluimos por hoy, ¿se puede saber cuál será tu próximo proyecto literario?
No, no se puede [risas]. Nunca lo digo porque soy supersticiosa. Pienso que si nombro algo, entonces no ocurre y para que eso no suceda, no lo nombro.

Fue la propia Valeria Correa Fiz quien cerró el acto de la presentación y la entrevista con la lectura a los asistentes de un fragmento del cuento ‘Criaturas’, que cierra ‘La condición animal’ y que arranca diciendo: «De esa madrugada vacía, recordarás para siempre la abundancia sorda del blanco. Te detuviste en el primer semáforo…»

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sábado, 12 de enero de 2019

LENGUA Propósitos lingüísticos para escribir correctamente en 2019 A ver si dejamos de confundir "a ver" y "haber"

Al menos la RAE no nos multará por decir "detrás mío"
Todos cometemos alguna falta de vez en cuando, ya sea por despiste, por las prisas o, simplemente, porque nos equivocamos. Y no pasa nada: la RAE no tiene un cuerpo especial de policía que apresa a quienes confunden “sino” y “si no”, por lo que tampoco es como si corriéramos el riesgo de acabar en la cárcel durante meses o, quizás y dependiendo de la reincidencia, años.
De todas formas, no está de más repasar de vez en cuando algunas cuestiones lingüísticas, aunque solo sea para saber por qué decimos “por qué” y no “porque” en esta misma frase. Y por si algún día la RAE decide organizar su cuerpo policial, que nunca se sabe.
Ofrecemos 12 propósitos lingüísticos para este año, uno por mes, con un extra por si alguno lo tiene bien sabido. Los hemos escogido siguiendo los consejos del Libro de estilo de la lengua española de la RAE y las preguntas más frecuentes de la web de esta institución, además de algunas publicaciones de Fundéu y del Instituto Cervantes. Si quieres comprobar qué necesitas repasar (en caso de que haya algo), antes puedes resolver el test que está al final del texto.
1. ENERO. Deber y deber de
Deber + infinitivo puede denotar obligación o suposición. “Debo ir a trabajar” significa “tengo que ir a trabajar” y con “deben ser las nueve” quiero decir que “no tengo reloj, pero calculo así a ojo que son las nueve”.
Deber de + infinitivo solo denota probabilidad. Siguiendo los ejemplos anteriores, podemos decir “deben de ser las nueve”, pero no “debo de ir a trabajar”. Más sobre deber y deber de en el diccionario panhispánico de dudas.
2. FEBRERO. Queísmo y dequeísmo
El queísmo es la omisión indebida de la preposición de ante que. Hay que decir “no me acordé de que era tu cumpleaños” y no “no me acordé que era tu cumpleaños”.
El dequeísmo es la adición indebida de la preposición de ante que. Es incorrecto decir, por ejemplo, “pienso de que Juan va a venir tarde”.
El libro de estilo de la lengua española de la RAE propone un método para saber cuándo usar la preposición de. Hay que “sustituir la oración subordinada que encabeza que por los pronombres eso o ello”. Si mantenemos la preposición de, hay que decir de que. Y si no se conserva, la omitimos. Ejemplo:
-“No me acordé de eso”. Por tanto: “No me acordé de que era tu cumpleaños”.
-“Pienso eso”. Por tanto: “Pienso que Juan va a venir tarde”.
3. MARZO. Los extranjerismos, sin muros
“Todos los idiomas se han enriquecido a través de su historia con palabras tomadas de lenguas diversas”, escribe Jesús Sánchez Lobato en Saber escribir,libro del Instituto Cervantes. El autor recuerda extranjerismos que ya casi ni consideramos como tales: carné, fútbol, esnob, jazz…
De acuerdo con la RAE y según recoge Sánchez Lobato, se recomienda rechazar los extranjerismos cuando “existe en español un vocablo del mismo significado con plena vitalidad”. Por ejemplo, no hace falta decir short si podemos decir pantalón corto.
Se recomienda aceptar los extranjerismos necesarios o muy extendidos: ballet, blues, máster, chucrut… En algunos casos se mantiene la grafía y pronunciación originarias, como en walkman, que está en el diccionario desde 2001. Estos términos se escriben con cursiva o con comillas. En otros casos, como en pádel y suflé, se adapta la escritura y no hace falta resaltar el texto.
En todo caso, “la RAE no considera una incorrección lingüística el empleo de cualquier extranjerismo por los hablantes, siempre y cuando lo resalte tipográficamente mediante letra cursiva o comillas”. Pues ningún problem, entonces, aunque igual pareces a little bit raro.
Por cierto, el español también ha exportado a otras lenguas palabras como mosquito, guerrilla, embargo, adobe, bodega… Y siesta, claro.
4. ABRIL. Solo va solo, sin tilde
A estas alturas, esto ya lo sabe todo el mundo, pero lo incluimos porque es un tema que sigue generando pasiones y parece que a algunos les arrancarán la tilde de solo de sus manos muertas y frías.
Como nos contaba la RAE, la tilde diacrítica sirve para diferenciar dos palabras que se escriben igual cuando una de ellas es tónica y la otra es átona. Las palabras átonas son las que no tienen acento propio en la cadena hablada y por tanto se apoyan en otra palabra tónica para su pronunciación. Ocurre, por ejemplo, con de y dé en frases como “ese coche es de Sara” (átona) o “espero que me lo dé” (tónica). Pero no pasa lo mismo con solo, ya que tanto el adjetivo como el adverbio son palabras tónicas. Es decir, no hace falta el acento gráfico para diferenciarlas, igual que no diferenciamos seguro (adjetivo) de seguro(adverbio). Tampoco se acentúan los pronombres demostrativos, como esta, esay aquella.
Ya de paso, recordamos que tampoco llevan tilde palabras como guion, truhan y hui. Como recoge el Libro de estilo de la RAE, “aunque se puedan pronunciar en dos sílabas, se consideran monosílabas por estar formadas por una secuencia que a efectos ortográficos se debe tratar como un diptongo o un triptongo. También ocurre con algunas formas verbales de pretérito perfecto simple (crie, crio, fio, lie, rio, lio...) y de presente (criais, fieis, fiais, riais…)". En la web de la RAE hay más información.
Han Solamente
5. MAYO. Laísmo, leísmo y loísmo
En general, se usan los pronombres lo y la (y sus plurales) para el complemento directo, y el pronombre le (y les) para el indirecto.
- Cierra el libro y ponlo ahí. (El libro es complemento directo).
- A María la vi ayer. (María es el complemento directo).
- Voy a servirle un café a María. (María es el objeto indirecto y un café, el directo).
Se permite el leísmo referido a persona singular, pero no a cosa, como explica la RAE y como en “¿has visto a Jorge? Sí, le vi ayer en el parque”. Pero no: “A tu perro le vi en el parque”. Más sobre el leísmo en este artículo de Lola Pons.
6. JUNIO. Siempre detrás de mí
Como dice el Libro de estilo de la RAE, “las combinaciones del tipo de detrás suyo, delante mío, encima nuestro, etcétera, no se han integrado todavía en la lengua culta general, por lo que es preferible evitarlas y usar en su lugar las variantes con la preposición de: detrás de ella, delante de mí, encima de nosotros". Sí se admite la combinación con alrededor: alrededor mío, alrededor vuestro.
7. JULIO. Infinitivo e imperativo
No se considera correcto el uso del infinitivo en lugar del imperativo para dirigir una orden a una segunda persona del plural. No se debería decir “¡venir ahora mismo!”, sino “¡venid ahora mismo!”.
Es válido el empleo del infinitivo con valor de imperativo cuando aparece precedido de la preposición a, uso propio de la lengua oral coloquial: "¡Tú, a callar! Niños, a dormir".
El infinitivo también se puede usar “con valor exhortativo en indicaciones, advertencias, recomendaciones o avisos dirigidos a un interlocutor colectivo e indeterminado”, como en las instrucciones o en los carteles. Por ejemplo: consumir a temperatura ambiente, no fumar, lavar a mano. Como explica la RAE, se trata “de estructuras impersonales en las que no se da una orden directa, sino que se pone de manifiesto una recomendación, una obligación o una prohibición de carácter general”.
8. AGOSTO. ¿Por qué? ¿¡POR QUÉ!?
“Por qué” es la secuencia formada por la preposición por y el interrogativo o exclamativo qué. Introduce oraciones interrogativas y exclamativas directas e indirectas. Ejemplos: ¿Por qué no has venido? No entiendo por qué te pones así. ¡Por qué calles más bonitas pasamos!
“Porque” es una conjunción y se usa para introducir subordinadas que expresan causa (no fui a trabajar porque tenía fiebre) y como conjunción final, con sentido equivalente a para que (hice cuanto pude porque no terminara así).
“Porqué” es un sustantivo que equivale a causa, motivo, razón y se escribe con tilde por ser palabra aguda terminada en vocal. Ejemplos: No comprendo el porqué de tu actitud. Todo tiene su porqué.
“Por que” introduce un segmento que no expresa causa (se caracteriza por que no come por la boca) y cuando que es un relativo y la expresión equivale a “por el / la / los / las que”. Esta es la razón por que no puedo hacerlo. En este caso es más corriente usar el relativo con artículo antepuesto (esta es la razón por la que no puedo hacerlo).
Más sobre porqué, porque, por qué y por que en la RAE.
9. SEPTIEMBRE. Sino y si no
"Sino" es la conjunción que aparece en contextos en los que se ha negado la frase anterior, como en “no lo hizo Juan, sino Pedro”. También en construcciones como “no solo…, sino también; no porque…, sino porque”. Y cuando tiene un valor similar a más que o excepto. Ejemplo: ¿Quién sino Juan podía hacerlo?
"Sino" también puede ir junto cuando es un sustantivo con el significado de “destino”: mi sino es trabajar y trabajar.
En cambio, "si no" es la combinación de la conjunción condicional "si" seguida del adverbio "no". Introduce una oración condicional: “Si no lo haces tú, lo hará él”.
Un truco de Fundéu para distinguirlos “es ver si entre si y no puede incluirse algún elemento sin pérdida de sentido en el texto”. Por ejemplo, “si no hubiera intervenido el juez…” se puede cambiar por “si el juez no hubiera intervenido…”. Si esto se puede hacer, se trata de si + no, y debe escribirse en dos palabras.
10. OCTUBRE. He perdido el habla, pero no la habla
El artículo el se emplea con nombres femeninos que comienzan por a- o ha- tónicas: el asa, el hambre, el ancla, el habla… (y no la asa, la hambre, la ancla).
El indefinido una generalmente también toma la forma un en estos casos: un aula, un hada, un asa, un hacha. Pero no es incorrecto, aunque no sea frecuente, usar una: una hacha, una águila, una alma…
Asimismo, los indefinidos alguna y ninguna pueden adoptar en estos casos las formas apocopadas (algún alma, ningún alma) o mantener las formas plenas (alguna alma, ninguna alma).
Si entre el artículo y el nombre hay otra palabra, la regla queda sin efecto: la misma agua, la extensa área… Los adjetivos han de concordar en femenino: el agua clara, el hacha afilada…
Los demostrativos y adjetivos determinativos (todo, poco, mucho, otro…) deben usarse en femenino: esta hacha, toda el agua, aquella misma aula...
11. NOVIEMBRE. ¿La mitad aprobó o la mitad aprobaron?
Ambos: estructuras como la mayoría de los manifestantes, el resto de los alumnos y la mitad de los presentes permiten concordar en singular y en plural, siendo más habitual la concordancia en plural.
12. DICIEMBRE. A ver y haber
Se escribe a ver:
- Cuando se combinan a y ver en sentido literal: Fue a ver a su abuela.
- En oraciones que empiezan por a ver si: A ver si vas a ver a tu abuela.
- Seguido de un interrogativo: A ver quién sabe cómo se llama su abuela.
- Como expresión independiente: A ver, ¿qué le pasa a tu abuela?
Se escribe haber:
- Cuando es el infinitivo de haber, también como auxiliar. No se puede aprobar sin haber presentado el trabajo.
- En construcciones con haber + participio con las que se le recrimina a alguien una situación pasada: Haberlo dicho antes, haber estudiado.
BONUS. Todos y todas sois bienvenidos y bienvenidas
La RAE insiste en su Libro de estilo en que "el carácter no marcado del masculino hace innecesario el desdoblamiento en la mayor parte de los casos". Eso sí, también añade que usar los dos géneros es normal "como muestra de cortesía" en encabezamientos o en caso de duda. No considera válido el uso de arrobas o de otras letras, como en "chiques" o "chicxs".
Es decir, se recomienda, por ejemplo, “consejo de ministros” y no “de ministros y ministras” o “de ministras”, aunque actualmente haya más ministras que ministros.
Eso sí, tal y como ya nos contaba Fundéu, si estos usos se generalizan y el uso del femenino o del desdoblamiento se convierten en “un consenso tácito en la mente de los hablantes”, la RAE “notaria de la lengua, previsiblemente registrará que el masculino ya no es la única forma correcta de referirse a un grupo mixto".

jueves, 10 de enero de 2019

"SOLO UNA BALA", Eva García Romo. Junio 2018














SINOPSIS: 



Comenzando con un relato cruel de un hecho real, os haré sumergiros en un mundo de pequeñas historias, donde a veces lo irreal se confunde con lo cotidiano.  

"SOLO UNA BALA" es un viaje por diferentes escenarios narrado en un total de 47 relatos que reflejan el amor en todas sus formas, concluyendo en el odio.  

Éstos, marcan un hilo conductor, que se abre y cierra con la muerte. 

La obra nace con micros precisos y armónicos, y termina con relatos que sorprenden por los detalles, la magia oculta y naturaleza de sus protagonistas.




lunes, 7 de enero de 2019

Por su tapa un libro no deberéis juzgar/ A Cover Is Not the Book


INTERESANTE REFLEXIÓN: 


¡GRACIAS DISNEY POR ACORDARTE DE LOS LIBROS!


Cover is not the book
La portada no es el libro
So open it up and take a look
Así que ábrelo y échale un vistazo.
Cause under the cover one discovers
Causa bajo la cubierta se descubre.
That the king maybe a crook
Que el rey tal vez sea un ladrón.
Chapter titles are like signs
Los títulos de los capítulos son como signos.
And if you read between the lines
Y si lees entre líneas.
You'll find your first impression was mistook
Encontrarás que tu primera impresión fue un error.
For a cover is nice
Para una portada es agradable
But a cover is not the book