domingo, 26 de enero de 2014

El iPhone que perdió a Eva

Ese día viajé mucho, Eva tenía un día complicado. Salí cargado de energía a tope, siempre teme quedarse sin mí cuando más me necesita......

Me encanta ir en su coche, apoyado en el hueco del mechero, por si nos llaman. A Eva no le gusta cogerme cuando conduce, pero a veces no le queda más remedio. Su vida laboral depende de mis circuitos.

Pero esa mañana no llamo nadie. Fuimos a ver a mamá y pase del coche al bolso. Este es nuevo. ¡Que suerte tengo de descansar en un Prada, no todos lo hacen!

Y allí estuve alojado, hasta que me saco para escuchar los interesantes diálogos con su madre y la peruana. ¡Quien estuviera apagado!

Después viajé en autobús. Allí Eva me mira muchas veces, me pregunta continuamente y yo le cuento si la llamo alguien o si tiene algún mensaje.

Al bajar, tienta la suerte. Quiere que me de el aire y me deposita en el bolsillo de su chaquetón gris, ese italiano que le costó un riñón. Yo me aferro a sus guantes que, como no hace frío, apretuja contra mi.

¡Menos mal que hemos llegado! exclamo cuando de nuevo me mira y me deja reposar en silencio, en el fondo de su maravilloso Prada. Pero por poco tiempo, de nuevo en la calle siento el frío de la noche y presiento mi trágico destino. Eso me hace estremecer.

No me gusta la oscuridad del metro y el aire es irrespirable. Pero Eva llega tarde. Me guarda de nuevo en su bolsillo, aplastado entre sus guantes, y me toca por última vez. Ella no lo sabe.

Oiga, ¿pero que hace? ¡Me hace daño!, grito con desesperación. Nadie oye.  Eva no se entera, ¿de quién es esa mano? No, no son sus largos dedos con uñas perfectamente maquilladas los que me sujetan. ¿Quien eres tu?, preguntó a ese rostro que se refleja en el mío. No, no te conozco. ¿Qué quieres?. ¡Au! ¡Con cuidado!

Y la veo alejarse por última vez. Camina segura y con prisa. Alguien nos ha separado y ni siquiera se ha dado cuenta.

"Adiós Eva. Hasta nunca. Me apagan"


Eva García Romo
26 de enero de 2014